LA CARTA
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| PRIMERA PARTE |
Volvía a casa, como siempre, después del trabajo, pensando en su niña y acelerando el paso para poder estar pronto con ella. Su niña....aquella chica vital, guapa, simpática, popular....aunque siempre con aquella mirada triste que sólo él parecía percibir, porque él no miraba sólo su físico, sabía ir más allá, miraba su alma a través de sus ojos, la miraba como sólo alguien, que ama de verdad, sabe mirar.
Era su sueño imposible, ni tan siquiera se hizo una mínima ilusión ni concibió la más leve esperanza...pero extrañamente y a pesar de su inicial incredulidad....ella le eligió.
Se sentía muy afortunado, él nunca fue un muchacho popular, más bien era el blanco de todas las burlas. Su poca inteligencia y sus 120K no ayudaban mucho a ello, era lo que él pensaba y por lo tanto no se molestaba en hacer ningún esfuerzo para mostrarse como realmente era.
Pero su niña, ella sí que era inteligente de verdad. Pero no sólo eso, tenía un sexto sentido, una intuición especial para mirar y ver el interior de las personas y cuando vio el suyo, inmediatamente supo que si él pesaba 120K al menos 100 pertenecían a su inmenso corazón y eso era lo que realmente buscaba ella, no quería a su lado a ninguno de esos muchachos egocéntricos y pretenciosos sin ningún fondo, los veía vacíos y carentes de sensibilidad. Por eso se enamoro de él...aquella triste mirada parecía presagiar el futuro que le esperaba y sabía que tan sólo podría salir adelante si el permanecía junto a ella.
Y él...él no entendía esa tristeza constante en sus ojos, ni siquiera cuando reía desaparecía, pero no quería molestarla, esperaba a que ella se decidiera a hablar....nunca lo hizo y él nunca preguntó, sabía que llegaría el momento en el que sin palabra alguna lo sabría.
El día de su boda fue el más feliz de su vida, aún pensaba que era un milagro que ella estuviera junto a él pronunciando ese SÍ tan rotundo y confiado, que hubiera decidido ser su compañera para siempre. Temía algo....algo referente al futuro y a lo que los ojos de su niña entendía, pero rápidamente desechó ese pensamiento, la amaba y aceptaba aquello porque la tenía....tenia a su amor junto a él y eso era lo que realmente importaba.
Con estos pensamientos, recuerdos de hacía 20 años, llegó a casa. Nunca se retrasaba, no iba a tomar una copa con sus compañeros jamás, no participaba en las fiestas de la empresa. Sólo ansiaba llegar a casa para estar con su niña. Sabía que le esperaba más trabajo, pero eso no era importante, el cansancio no existía cuando se trataba de ella.
Siempre abría sigilosamente la puerta, pues nunca sabía como iba a encontrarla, pero una noche más al entrar, sólo escuchó el silencio....ese silencio eterno, roto solamente por sus gemidos de dolor -las espinas, pensó, otra vez ellas-....el secreto que su niña guardaba.
La mesa del desayuno aún estaba tal y como la dejó antes de irse y la lista de "cosas para hacer mañana" confeccionada todas las noches con la esperanza de poder hacerlas al día siguiente, hoy tampoco tenía ni una sola tarea tachada. De nuevo había pasado el día en la cama, sin hacer nada más que tomarse un frugal desayuno que él le dejaba preparado junto a la comida del mediodía (el no volvía hasta la noche, debía hacer horas extras). No había tocado la comida, sólo había desaparecido el montón de pastillas que cada día tomaba esperando encontrar un alivio que nunca llegaba, pero que no podía dejar de tomar pues rápidamente aparecía el síndrome de abstinencia, algo que le hacía gritar y retorcerse de dolor y que le provocaba unas crisis de ansiedad angustiosas.
Dejando a un lado estos pensamientos miró alrededor de la habitación, aquella que ella eligió un día para los dos, aquella en la que durante un corto periodo de tiempo, cuando aquello aún era soportable, pudo ser el dueño de su cuerpo y ella corresponderle....antes de que aparecieran aquellas malditas espinas. Fue un periodo breve, pero él lo recordaba en cada uno de los detalles, pues también fue muy intenso.
Ahora ya no compartían aquella cama, él con su enorme cuerpo ocupaba mucho espacio, ella también había engordado mucho en esos 20 años y necesitaba el máximo espacio posible, sobre todo cuando durmiendo, aparecían esos espasmos y movimientos involuntarios en sus piernas y a veces en sus brazos.
Ahora dormía en una pequeña cama.....en el espacio en que un día pensaron que sería ocupado por una cuna....no hizo falta, ella no pudo....ni tan sólo ese consuelo le fue dado....

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