LA SERIEDAD DE LA LOCURA
Como personas "normales" (que alguien me defina normalidad y anormalidad), tenemos días en los que nuestro mundo no tiene color, bueno sí lo tiene, el gris es un color y pasamos 24 ó 48 horas bajo su sombra. En esos momentos, momentos de tristeza, de pena y dolor por algo o alguien, somos las mejores personas del mundo, porque somos capaces de hacer que nos miren y nos digan "pues yo te veo muy bien". Estupendo si es así, ¿para qué aguantar preguntas sobre el porqué de nuestra tristeza? Es bueno hablar, sacar lo que hay en nuestro interior pero no como y cuando los demás quieran si no en el momento que nosotros decidamos, con la persona que sabemos que nos va a escuchar y sobre todo comprender, a la que sabemos que no apenaremos aunque al final la empatía siempre venza. Sabemos que esa persona al final hará que riamos o que lloremos pero de cualquier modo conseguirá que saquemos de dentro el peso que nos ahoga, que ya empieza a hacer bulto en el saco aquél que vaciamos prometiendo que evitaríamos llenarlo tanto la próxima vez.
Lo dificil, lo realmente difícil, es saber quién de todas aquellas personas que conoces y te tienden su mano y su oreja o su tiempo en un teclado (que no de piano) es la persona que realmente cumplirá la tan simple expectativa de SABER ESCUCHARTE, simple pero difícil. ¿Acaso a nosotros nos apetece siempre escuchar a los demás? A mí no, hay veces que simplemente no soporto que alguien me esté contando su sufrimiento, simplemente porque no conecto con ella o porque me doy cuenta de que no me duele verla así, que me es indiferente, es triste, pero si somos sinceros reconoceremos todos que es la verdad, que nadie es el perfecto hombro y que todos necesitamos evadirnos, ocultarnos, llorar.......y ser cuerdos un rato.

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